| La fiesta brava, me obsesiona; ver, oír, vivirla y tratar de comprendedla. |
Por Renné Moreno:
La fiesta brava, me
obsesiona; ver, oír, vivirla y tratar de
comprender tanto punto de vista concerniente a ella, me invita a la cavilación. Sólo incluyo a los
taurinos, desde el ganadero, empresario o diestro poderoso, hasta el aficionado
de tendido.
Es un compendio de
opiniones que abarcan de todos los ámbitos que la componen, para los que tienen
el grado de enterados no hay otra opinión que la suya, los
que tratamos de aprender a veces nos confundimos y los neófitos se agarran de
cualquier opinión.
Pero ésta polémica sempiterna es la que le da vida a la tauromaquia, si
todos estuviéramos de acuerdo, sería una monotonía tremenda, una fiesta
"robot". Afortunadamente aquí encaja con perfección de que cada
cabeza es un ruedo, por parafrasear la frase ya conocida.
Dentro de sus particularidades destacaría dos puntos:
1) que son un hombre y un animal la base de este
rito, espectáculo.
2) aquí se arriesga la integridad física y la vida
en cada función.
Sus raíces históricas y tradicionales, aparte del emporio cultural que
se ha formado, hacen que la toromaquia, sea una forma única de riesgo, llevado
hasta las marismas del arte. Desde luego como componente de la vida cotidiana
general (aquí si incluyo gente normal) tiene también sus detractores, es lógico,
los puntos de vista que genera esta manifestación se prestan para eso y mucho más.
Pero el mundillo taurino es único, pocos países, mucha pasión. Quizás
sea la forma más artística de acercamiento a la protohistoria y sus legados. Queda
un mundo por escribir acerca de la fiesta, cada festejo, temporada, feria deja
su impronta. Aparte cada aficionado es una opinión parecida o diferente, nunca
igual.
El hito que se ha ganado entre los taurófilos es suficiente si sabemos cómo
conservarla. Vale mucho la pena.
Saludos desde el tercio.

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